domingo, 14 de noviembre de 2010

Termas de Caracalla, siglo III



Entre los numerosos edificios dedicados al ocio y la diversión en época romana destacan los balnearios o termas que se construyeron en época imperial. La primera de estas grandes termas construidas en Roma fue la levantada en tiempos de Agripa, en el S. I a.c., llamadas también Thermae Agrippae, que comenzarían siendo una sauna, pero con el tiemp adquiriría la consideración de terma propiamente dicha. También fueron importantes las Thermae Alexandrinae, construidas por Nerón en el S. I, muy cerca del Panteón; las de Tito y Trajano, y aparte de las de Caracalla, que hoy comentamos, fueron muy relevantes también las termas de Diocleciano, construidas en el S. IV y que llegaron a ser las más grandes de Roma. Por haber participado en su construcción muchos cristianos que perecieron en el proceso, en el S. XVI el Papa Pío IV mandó edificar una iglesia sobre el antiguo balnerario, Santa María de los Ángeles y de los Mártirtes, que ha permitido que al menos una parte del frigidarium de las antiguas termas se haya conservado.

En general, los baños públicos en Roma gozaron de una gran popularidad y fueron construídos con una evidente magnificencia.

Su origen se halla en la adaptación de los gimnasios y palestras griegos a un nuevo sistema de calefacción inventado en Campania, el Hypocaustum, consistente en un doble suelo por el que discurría aire caliente, procedente a su vez de una habitación (praefurnium) en el que se localizaba un gran horno (furnus).

Los baños clásicos constaban de tres estancias características, Caldarium, con piscinas de agua caliente, Frigidarium, con piscinas de agua fría, y el Tepidarium, estancia de relax. A ellas habría que añadir el Apodyterium o vestuario. El ritual característico consistía en bañarse largo rato en el caldarium para pasar después al tepidarium y ya relajado nadar en el agua del frigidarium.

Las termas tenían además una importante función social ya que eran un habitual centro de reunión y de tertulias. Sobre todo en aquellas más grandes donde podía haber todo tipo de instalaciones, salas de ejercicio (Palaestra), bibliotecas, piscinas (natatio) etc.

Concretamente las de Caracalla se iniciaron un año después de que él llegara al poder en el año 211 y sobre el amplio espacio ocupado desde hacía tiempo por un estanque que hacía las veces de piscina para buena parte de la población humilde de la ciudad. Por ello mismo las termas ideadas por Caracalla estaban pensadas para plebeyos principalmente, porque para los patricios ya existían las citadas de Nerón y Trajano. Ello no fue óbice para que Caracalla quisiera hacer de estas termas rival de las otras, ornándolas con magníficos materiales. Inauguradas en el 216, soportaría diversas reformas durante los reinados de los dos últimos miembros de la dinastía de los Severos, Heliogábalo (218-222) y Alejandro Severo (222-235).

Las termas constituían un recinto enorme que se ha conservado en ruinas, las más grandes del imperio. Alcanzaban los 300 m. de anchura en la fachada y los 400 m. a la altura de los ábsides laterales. En total podían coincidir en ellas alrededor de 1600 personas, la mitad aproximadamente de las que llegarían a caber en las de Diocleciano.

Su esquema en planta repite un trazado semejante al empleado en las Termas de Trajano y que se repetirán más tarde en las de Diocleciano. Así, contaba en el ala norte con un amplio pórtico de dos pisos en el que se localizaban tiendas diversas. Al sur se abría un pequeño estadio con gradas para los espectadores donde se realizaban diversos espectáculos y detrás, las enormes cisternas que podían albergar más de 80.000 m3 de agua. En los extremos laterales dos grandes exedras o hemiciclos de tres amplias salas cada uno. Y en todo el espacio comprendido dentro del recinto, amplios jardines y arboledas.

Pero lo realmente importante de unas termas era el área central. También en este caso estaba constituida por un gran recinto cuadrado con dos palestras rectangulares simétricamente dispuestas en cada lado lateral, así como habitaciones repartidas entre los dos pisos, dedicadas a salas de conferencias, bibliotecas, etc.

En el centro de este espacio es donde se hallaba el balneario propiamente dicho. En las termas de Caracalla se disponía a la entrada una gran piscina (Natatio), flanqueada por los Apodyteria o vestuarios. Inmediatamente después se accedía al centro geométrico de balneario, ocupado por una inmesa sala dividida en tres tramos, el Frigidarium. De su suntuosidad dan cuenta sus dimensiones, pues medía 100 m. de longitud, 25 m. de anchura y hasta 35 m. de altura. Se cubría con tres tramos de bóvedas de arista, apoyadas directamente sobre el muro, aunque a modo de ornamentación se elevaban también ocho columnas adosadas.

Seguía una sala de tránsito, el Tepidarium o sala templada, y finalmente se llegaba a una amplia sala redonda, de cubierta cupulada donde se localizaba el Caldarium. Sin duda quedaba realzada como la estancia de mayor relieve, lo que solía ser habitual en la mayoría de las termas, y lo hace además desde una visión puramente arquitectónica porque la construcción de la cúpula, aunque no tan grande como la del Panteón, sigue su mismo proceso de edificación: doble pared, con pilares embutidos en el muro, arcos entregos de descarga en la doble pared de la cúpula, y una decoración muy ostentosa.

Esta es otra de las características más relevantes de las Termas, su fastuosa decoración. Destacan en este sentido los mosaicos que revestían lujosamente todo el pavimento del recinto, pero también los mármoles recubriendo los muros, las columnas inmensas de mármol y las numerosas piezas de escultura que ornaban las principales habitaciones. Entre otras, el Toro Farnesio, escultura helenística, que fue encontrada en el S. XVI entre las ruinas de las Termas lo que nos hace pensar que sería reaprovechada como parte de la decoración del edificio.

En cuanto al sistema hidráulico de aprovechamiento del agua se realizó construyendo un ramal desde el acueducto principal de la ciudad, el aqua Marcia, y en cuanto al sistema de calentamiento y distribución del agua siguió el proceso, ya señalado con anterioridad, de fumus e hypocaustum, constituyendo sin duda una de las mejores expresiones de nivel técnico de los ingenieros romanos.

Las Termas de Caracalla responden por tanto al criterio general de la arquitectura romana, definida básicamente por su monumentalidad, su extraordinario nivel técnico, sus novedades constructivas y la suntuosidad de sus elementos ornamentales.

Y para terminar, un video: