domingo, 28 de noviembre de 2010

Giralda, Sevilla, periodo almohade, siglo XII



Gracias a estos textos del cronista almohade Ibn Sahib al-Sala, que forman parte de su obra "al-Mann bil-Imamah" (un manuscrito hallado por fortuna en 1930 en una biblioteca de la Universidad de Oxford) conocemos los nombres de los dos arquitectos que participaron en la construcción de la torre que es casi desde aquella época símbolo universal de la ciudad de Sevilla. Amhad ben Baso inició las obras de la mezquita aljama y, más tarde, de las primeras hiladas del alminar y Alí de Gomara remató la torre. Así pues, desde la colocación de las "primeras piedras" hacia 1184 hasta la finalización de la torre, en 1198, habían pasado sólo catorce años.

La joya del arte amohade de al-Andalus alcanzaba una altura de 64 ms. y consistía en dos bloques prismáticos superpuestos, el inferior de 13,6 ms. de lado y 50 de altura y el superior de 6,8 ms de lado y unos 14 de alto, rematado con una cúpula sobre la que se alzaba el famoso yamur, formado por cuatro bolas o manzanas de bronce dorado. Su colocación marca el final de la construcción en el año citado.
De esta grandiosa obra sorprende la sustitución de la piedra (que sólo alcanza unos dos ms. de altura a partir del suelo) por el ladrillo. Al parecer ello da a la torre más estabilidad frente a terremotos, al tiempo que reduce los riesgos de humedades por capilaridad del suelo. Pero hay muchas más sorpresas en la Giralda. De un lado, su propia concepción, característica de los alminares almohades: sigue el modelo de "torre dentro de la torre", al estar compuesta por dos cuerpos que se unen entre sí mediante una serie de 35 rampas, que viene a sustituir a la habitual escalera y hace el ascenso más cómodo y amplio. Una serie de vanos abiertos al exterior, resueltos en distintos tipos de arcos, proporciona luz natural en la subida; además, el cuerpo interior aloja siete cámaras que se superponen en altura. Pero la más hermosa de las sorpresas de la Giralda quizás sea los cuatro tableros de paños de sebka que aparecen en cada uno de sus cuatro lados a partir de media altura y que contribuyen a estilizar más aún, si cabe, la figura de la torre. Sobre ellos corre una arquería de arcos ciegos entrecruzados que generan otra sebka extendida de lado a lado de la torre.
Hasta aquí hemos descrito la parte visible del alminar almohade. El prisma superior quedó literalmente embutido en la reforma que se efectuó en la torre a partir de 1560, en pleno Renacimiento, según las trazas del arquitecto Hernán Ruiz, maestro mayor de la catedral, y que implicó también la colocación de balcones en los huecos de la parte inferior. Reforma que quedó completada con la colocación de la veleta o Giraldillo en 1568 y que dio a la Giralda su configuración actual.