miércoles, 3 de noviembre de 2010

Galo suicida, Período Helenístico, Escuela de Pérgamo, siglo II a de C.


Conseguido el reto de captar el naturalismo, el movimiento y la multiplicidad de puntos de vista con figuras individuales, había que tratar de hacer lo mismo con un grupo exento de figuras. Sabemos que los artistas griegos tenían una gran experiencia en la realización de grupos, en la decoración de los frontones de los templos, pero éstos solo podían apreciarse frontalmente. Un grupo exento visible desde todos los lados era algo nuevo, diferente y, se van a convertir en un asunto muy popular en los siglos III y II a. C.

Un ejemplo de esta búsqueda lo constituye el grupo conocido como “El galo suicida”. Es una copia romana en mármol de un original del siglo III antes de Cristo, probablemente de bronce. Pertenecía al grupo escultórico levantado en el monumento al rey de Pérgamo, Atalo I. Pérgamo era una ciudad helenística del Asia Menor (actualmente se llama Bergama, Turquía) que en esa época había rechazado una incursión de los galos, con lo que equiparándose a Atenas en las guerras médicas, erigieron un monumento que celebrase la victoria de la civilización frente a la “barbarie” extranjera. El “Galo suicida” estaba en el centro, rodeado de otros guerreros galos muertos. Resulta impresionante el grupo central en el que se ve al galo que, tras dar muerte a su esposa está a punto de suicidarse. El grupo es casi piramidal, complejo y sugestivo desde todos los lados, con un gran sentido de drama y patetismo. Es destacable que los enemigos vencidos se representen de forma heroica (recordemos en este sentido que desde los tiempos oscuros, Héctor aparece siempre como un valiente, por ejemplo), y así el noble adversario, que se da cuenta de que la derrota es inevitable, es demasiado orgulloso para rendirse y ha matado a su esposa porque la ama (en la Ilíada, Héctor se lamenta por su esposa, ya que cuando Troya sea vencida ella se convertirá en una esclava). La escena está llena de efectismo hasta teatral, con el gesto arrogante del hombre y los contraste entre vivo-muerto, hombre-mujer, vestido-desnudo, etc. (en este sentido podemos observar como el brazo lánguido de la mujer discurre en paralelo con la pierna vigorosa del hombre). Además, los galos eran altos, de espesos cabellos y fuertes músculos, muy diferentes de los hombres mediterráneos y el artista se deleita mostrando todos esos rasgos diferenciales.

Aquí el autor se muestra mucho más abstracto, más teórico que el del galo moribundo. Logra una obra muy rica en puntos de vista, y sorprendentemente variada para quien gira en torno a ella, pero busca el efecto dramático de forma teatral, mediante grandes gestos, limitando en cambio su ambientación etnográfica a detalles superficiales, como de guardarropía (vestimenta, bigote, etc.). Sobre esta espectacular obra de la escuela pergaménica J. Charbonneaux ha escrito "La pasión, la desesperación se exteriorizan sin reserva; los vacíos exaltan el movimiento y hacen sentir las rupturas de ritmo; el corto manto agitado y la desnudez ascendente del formidable aparejo muscular del guerrero se oponen ostensiblemente al cadáver caído, cubierto de telas que fluyen hacia el suelo"