martes, 2 de noviembre de 2010

Apoxiomenos, Lisipo, 325 a de C.




 Lisipo está activo en la época de Alejandro Magno (fue su retratista oficial); fue un broncista autodidacta que recibió la influencia de la escuela de Policleto. Trabajó probablemente desde el 360 a.C. hasta el 305 a.C. 
Aunque no se conserven originales suyos, las copias existentes permiten conocer su estilo, que pone de relieve un ritmo especial y dinámico, una nueva concepción de los volúmenes (tridimensionalidad) y una gran maestría en la plasmación del vigor y del movimiento. Lisipo, después de Fidias con su idealismo glorioso, después de Praxíteles con su mórbida sensualidad, de Scopas con su obsesión trágica, representa otra etapa del arte griego: la del naturalismo sin concesiones detallistas. Dos son sus aportaciones principales: Por una parte, la introducción de un nuevo canon escultórico, basado en la proporción de ocho cabezas, frente al propuesto en el siglo anterior por Policleto, de siete, con lo cual se consigue un efecto de alargamiento de las proporciones corpóreas. Por otro lado, hallamos en Lisipo en interés por dotar a sus figuras de una perspectiva múltiple, que invite al observador a rodearla, viéndola desde distintos puntos de vista. Por eso el Apoxiómenos avanza sus brazos y esa misma razón explica la mano "escondida" del llamado Hércules Farnesio.
De las más de 1.500 estatuas que le atribuye Plinio, todas en  bronce, sólo conocemos con seguridad una sola copia fiable: el Apoxiomenos (el que se limpia rascándose). Se trata de un atleta, no en actitud heroica, sino en la más natural de limpiarse con el estrigil el polvo y el aceite. Su composición varía a medida que damos la vuelta a su alrededor. 
Es una obra realizada para ser contemplada desde diversos ángulos o puntos de vista (estereometría). Su composición varía a medida que damos la vuelta a su alrededor. Su postura es insólita: El atleta se encuentra de pie, desnudo, su tamaño es parecido al natural (2,05 m.).  Tiene los brazos elevados a la altura de los hombros, y el izquierdo parece que porta una barra, que se desliza por la parte anterior del brazo derecho, que a su vez porta un dado. La pierna izquierda, claramente separada de la derecha en la visión frontal, lleva un apoyo, y la izquierda que permanece rígida, una columna en la parte posterior. El atleta mira hacia la lejanía, y su cabeza, de cabello rizado, rasgos pequeños, rostro expresivo, se encuentra inclinada y girada. El atleta se apoya claramente sobre una pierna, pero la otra no está relajada y situada hacia atrás, sino que se encuentra desplazada hacia uno
de los lados y recibe una parte apreciable del peso distribuido. Uno de los brazos se dobla y el otro está estirado, pero se dirige hacia delante tan tenso como el otro. La idea de forma cerrada es el punto de partida tanto para el Doríforo como para el Apoxiómeno. Pero al despegar los brazos y piernas, la articulación abre las partes externas del cuerpo creando una idea de formas abiertas que aligera los volúmenes. El Apoxiómeno es una estatua de forma abierta. al utilizar un forzado contraposto y al extender los brazos hacia delante, la estatua ocupa más profundidad que las predecesoras y proporciona una gran variedad de perspectivas. Su rostro es de formas bellas; el cuerpo flexible y nervioso, la cabeza más pequeña y expresiva; tiene una arruga muy marcada en la frente y una sombra en los ojos. Sus brazos, extendidos horizontalmente ante el cuerpo, escondiendo el torso, son una proyección audaz al espacio. En conjunto proporciona a la figura una nueva capacidad de movimiento espontáneo tridimensional; igual libertad sugiere la línea diagonal de su pierna derecha. 
Se produce un profundo cambio con el pasado escultórico al pasar del atleta triunfante o en plena acción al que realiza acciones cotidianas como ocurre en este caso, un atleta cansado que se quita el aceite y el polvo con el estrígilo.

 El tronco del árbol que aparece tras la pierna izquierda y la pieza de mármol del muslo que llegaba hasta la mano derecha no existían en el original; eran estabilizadores que, imprescindibles tratándose de copias de mármol con riesgo de fractura, no eran necesarios en las fundiciones de bronce.